El amor que nació entre Mircea Eliade y Maitreyi, hija del profesor en cuya casa iría a hospedarse el joven Eliade a finales de la década de los veinte, cuando fue a la India dispuesto a estudiar sánscrito y a insuflarse de espiritualidad y filosofía hindúes, estaba destinado al fracaso precisamente por esas diferencias culturales y religiosas que tanto fascinaban al historiador rumano.

El amor entre los dos jóvenes se acabó cuando enterado de la situación -de “la traición”- Dasgupta, padre de Maitreyi, expulsó a su huésped y alumno europeo. Posteriormente, tanto Eliade como Maitreyi escribirían una novela contando su historia: Eliade lo haría primero, en 1933, y Maitreyi bastantes años después, en 1972, como reacción a la versión de los hechos dada por Eliade.

Resulta interesante contrastar ambos textos, tanto desde el punto de vista del análisis ideológico y cultural, como desde el de la construcción narrativa de hechos y personajes.

Lo relatado resulta tan directamente alusivo, tan estrictamente autobiográfico que podría decirse que el material puramente inventado se reduce a la sustitución de los nombres de los distintos protagonistas. Mientras que el texto de Maitreyi resulta interesante por sus indicaciones sobre la historia contemporánea de la India y representa la visión de la “bárbara” acerca de lo ocurrido, el de Eliade está compactamente concebido, incluyendo significativos fragmentos del diario que escribió durante su estancia en la India, cuando ambos amantes se conocieron.

Dr. M. Eliade:

Usted es extranjero y yo no le conozco. Pero si es capaz de considerar algo sagrado en su vida por favor no vuelva a entrar a mi casa ni intente ver o cartearse con ningún miembro de mi familia.

Si lo desea puede verme a veces en el Departamento o la Universidad. Si escribe alguna vez, por favor me escribirá sólo hechos del tipo que un extranjero puede escribir a un

extranjero o un alumno a un profesor. Por favor no mencione a nadie que escribí esto y rómpalo después de leerlo. El motivo de este tipo de conducta debería ser evidente para usted si le queda una pizca de sentido común. Usted es consciente de su grave transgresión e ingratitud.

S N Dasgupta

Por favor no sea inoportuno ni intente explicarse añadiendo cargas de falsedad a su carácter depravado.